La lógica del círculo.

Hablábamos y caminábamos en círculo, para concluir y empezar siempre en el mismo lugar. Un lugar gastado y seguro, donde envejecer era un proceso matemático e infalible. De vez en cuando un acontecimiento interfería en nuestras vidas y nos mostraba una arista peligrosa, una desviación geométrica de la lógica. Entonces teníamos que esforzarnos en delinear nuevamente los planos del círculo, de manera que la circunferencia no se deformara y nos llevara por caminos angustiosos e incomprensibles.

Para que nuestra vida formara un círculo, leíamos todos los días un guión cuadrado. Los puntos del guión solían ser el sol y el frío, el telediario, la hipoteca, el misionero, la quiniela, el lumbago, el vecino loco del quinto, salvar a los niños de la tele del hombre de los caramelos, criticar a los amigos tontos que, al contrario de nosotros, no habían ido a la universidad, salvar a las chicas de la tele del violador psicópata, comprar pan y mermelada para el desayuno, cantar la canción del supermercado, cambiar los muebles de lugar cada tres meses y colocarlos como estaban hace seis y otros acontecimientos de apariencia vulgar pero vitales para el engranaje de la circunferencia.

Hubo días en el los que el círculo pareció desvanecerse, como el día del terremoto. El televisor se rompió y no funcionaba internet, la comida se estropeó porque se interrumpió el suministro eléctrico, y se acabaron las benzodiazepinas en el peor momento.  Tuvimos que llamar a un programa de radio para quejarnos de lo mal que funcionaba el gobierno. Era sábado y tocaba misionero, pero solo pudimos acurrucarnos bajo las mantas con los cascos de la bicicleta sobre la cabeza por si acaso el techo de la habitación cedía.

No obstante, un orden divino siempre ponía las cosas en su lugar y el círculo volvía a erigirse como el camino a seguir. En realidad, usábamos un truco. Cuando las cosas iban muy mal hacíamos fuerza, es decir, nos cogíamos de las manos, tensábamos los brazos, comprimíamos las mandíbulas y hablábamos de entes superiores: dios, el periódico, la televisión, los jueces, el gobierno, que a través de alguna acción concreta retorcerían a la tozuda realidad y la reconducirían a su ruta cíclica.

No puedo hablar mucho de los días en los que la geometría empezó a variar porque el sistema nervioso me falla. Un día mi banco se quedó con nuestros ahorros, con los de mis vecinos, con los de todos los habitantes de mi país. El dinero era el compás del círculo. Pasamos hambre y algún tiempo en algunas clínicas especiales. Mi mujer se enamoró de un enfermero. Una vez que se fractura levemente un círculo, todas las certezas se derrumban, todas las líneas se transforman en segmentos abiertos hacia el vacío y el sistema lógico se convierte en caos.

Hace tiempo que tracé otra línea, que aún no es un círculo. Vivo en otro país. Trabajo y gano dinero. Busco mujer. Quiero empezar otro círculo porque a una determinada edad uno ya no sabe vivir de otra manera.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Relatos. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s